Siguiendo la Voluntad de Dios
Todo el tiempo, y en cada momento, estamos tomando decisiones de manera constante. Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos a dormir, esas decisiones serán las que van a definir el transcurso de nuestra rutina. Siempre lo mejor es comenzar cada día haciendo una oración, y pidiéndole al Señor la dirección correcta para que las cosas nos salgan bien. Pero, ¿estamos haciendo las cosas conforme a Su voluntad? ¿Vivimos conforme a lo que El quiere que hagamos? Nosotros oramos y nos comunicamos con El pero, estamos escuchando correctamente la voz de Dios? En primer lugar, tenemos que conocer que el Señor nos habla por medio de la Biblia, del Espíritu Santo, y a veces por medio de la gente que nos rodea, y de las circunstancias de la vida. Lo que nosotros tenemos que aprender, es cómo darnos cuenta de que las decisiones que estamos tomando están yendo conforme a lo que Dios quiere. En este caso, y en un total de ocho preguntas, traté de resumir lo mas importante para que tengamos en cuenta de qué manera actuar a la hora de tomar decisiones.
-¿Es coherente con la Palabra de Dios?
Esta pregunta puede parecer una obviedad, pero es un buen punto de partida a tener en cuenta. Definitivamente, si hay algo que estamos haciendo que no coincide con lo que dice Su Palabra, no podemos continuar actuando de manera errónea. Para poder reconocer su voz y descubrir cuál es Su voluntad, debemos leer su Palabra diariamente y desear mas estar en Su Presencia.
-¿Cómo afectará a otras personas?
En Santiago 3:17 encontramos lo siguiente: "Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida". Cuando Dios habla no solo tendrá en mente nuestras mayores necesidades, sino también el beneficio de todos los que estén relacionado en el asunto. Él bendice a todos con su misericordia, y al seguir Su voluntad, de ninguna manera debería perjudicar la vida de quien nos rodee.
-¿Cuáles serán las consecuencias?
Satanás quiere que vivas las cosas hoy, que te diviertas, que hagas todo hoy, pero el nunca te va a recordar que hagamos todo "porque mañana moriremos y después vendrá el juicio". Dios siempre piensa en el día a día, pero también piensa en el futuro, en lo que está por venir, y en la repercusión que eso puede generar en tu vida.
-¿Está en contra con mi naturaleza humana?
Romanos 12:2 nos dice: "Y no os conforméis a este siglo; mas transformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". ¿Qué nos quiere decir este versículo? La respuesta es muy simple: no hagamos todo lo que el mundo nos dice que está bien. Estamos viviendo en tiempos difíciles, en donde lo malo está considerado como bueno, y donde lo bueno está considerado como malo. Puede ser complicado quizás ir contra la marea del mundo, pero vamos a estar seguros en el Señor. Dios nunca va a decirnos que hagamos algo que gratifique nuestra naturaleza pecaminosa, pecadora y egoísta. Ojo! Dios no está en contra de las cosas divertidas, está a favor de ellos, siempre y cuando sea de una manera correcta, que le agrade a El, y no a la carne. Hay pequeñas preguntas que uno debería hacerse dentro de este punto importante: ¿Estoy tomando esta decisión para satisfacer mi ego? ¿Hay en esto un deseo de dominar mi vida y colocarla por encima de la atención que Dios merece? En un mundo donde todo es egoísmo, y todo está inclinado hacia el pecado, los deseos, y lo mundano, Dios nos llama a escuchar Su voz, que no solamente busca que yo esté bien, sino que también busca el beneficio de los otros.
-¿Es un desafío para nuestra fe?
Cuando Dios nos llama a hacer algo que parece estar en contra de las cosas que según el mundo son "comunes", en el fondo siempre van a requerir de un acto de plena fe de nuestra parte. Cuando Cristo estuvo en la Tierra, podría haber convencido a miles de personas para que lo sigan y reconozcan que estaban frente al Mesías, sin embargo, Jesús les hablaba por medio de parábolas para que ellos terminen de comprender los hechos mediante la fe. Por eso, hay muchas decisiones que se toman de manera fácil o no, según la fe que tengamos en Dios. Cuando cursé mi último año en la escuela secundaria, se estaban haciendo los preparativos para fin de año, ya que se acercaba el acto de graduación, y la ceremonia que incluía la entrega de diplomas era muy importante para nosotros. Cuando supe que el acto era un viernes por la noche, me acerqué a mis profesores y Jefes de Taller (cursé en un secundario industrial) para decirles que no iba a poder ir por razones religiosas. Trataron de convencerme diciéndome que había estado seis años en esa escuela, que en ese lapso de tiempo estuve mas en el establecimiento que en mi propia casa, y que prácticamente se había formado "una familia" dentro del entorno, y que a ellos les parecía muy importante que yo esté presente en ese día. Cuando terminó de hablarme, le expliqué que era cierto que hace seis años había conocido un gran grupo de personas que me ayudaron a crecer muchísimo, pero que a Dios lo conozco desde que nací. Le hice entender de alguna manera que una cosa no se iba a poder comparar nunca con la otra, y que no iba a cambiar mi fe y mis principios por una noche de fiesta y entretenimiento con mis compañeros de curso. Yo se que el Señor tiene en cuenta cada cosa que nosotros hacemos para agradarle y que, al desafiar nuestra fe, Dios edifica nuestra relación con el y nos ayuda a crecer en nuestra intimidad y dependencia de el.
-¿Le he dedicado el tiempo suficiente?
El Salmo 27:14 es muy claro cuando nos dice: "Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor". Parece reiterativo cuando el versículo nos dice que esperemos y que aguardemos, pero el tiempo es algo muy importante en muchos aspectos, y a la hora de tomar decisiones es algo fundamental. Una de las mas grandes razones por las que tomamos decisiones malas, es simplemente porque la mayoría de ellas fueron tomadas de manera rápida. Nos despertamos después de dormir, oramos a las apuradas, pidiendo por el día y pidiendo por nuestra salud, etc., nos levantamos de nuestra cama y nos vamos a realizar las actividades y rutinas que solemos hacer. Cómo puede hablarnos Dios si no nos tomamos el tiempo para escucharlo? La tranquilidad es esencial para oír. Si nos la pasamos viendo televisión toda la noche y después queremos oír a Dios, qué voy a tener cargado en mi mente? Es complicado escuchar a Dios en medio del tránsito o en medio del murmullo. Por eso, para ser sensibles a la voz de Dios, necesitamos tranquilidad. Salmos 46:10 dice: "Cesad, y conoced que yo soy Dios; me ensalzaré en los gentiles, me ensalzaré en la tierra". Dios nos pide que cesemos de nuestras actividades, y nos enfoquemos en escucharlo.
-¿Ayudará a mi crecimiento espiritual?
Pensemos en una pareja de novios. Una mujer tenía un novio alcohólico y a la vez adúltero, y a pesar de todo, ella creía que Dios le decía que se tenía que casar con el. La pregunta ahora es: ¿estaba escuchando la voz de Dios? la respuesta es un simple no, porque un matrimonio de ese tipo iba a perjudicar su crecimiento espiritual. Cada vez que Dios nos habla, estimula nuestro crecimiento espiritual. El nunca va a decir algo que nos haga retroceder espiritualmente.
-¿Produce paz en mi espíritu?
Cuando Dios nos habla, nos produce calma. Filipenses 4:7 es claro en eso: "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús". Que hermoso sería que el día de mañana nosotros podamos expresar las mismas palabras que el apóstol Pablo pudo decir.
Nuestras madres nos llamaron alguna vez para avisarnos que la comida estaba lista, y nosotros sabíamos quién nos estaba llamando porque supimos reconocer su voz. El Señor nos dio el regalo de la Salvación, somos salvos desde que el murió por nosotros, y es normal que sepamos cuando El nos llama por nuestro nombre. Necesitamos escucharlo más para aprender cómo conocer Su voluntad? Elena G. de White en la página 43 del Camino a Cristo escribió: "La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido. El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; mas para que el alma sea renovada en santidad, debe someterse antes a Dios". Además, en la Palabra de Dios encontramos que Santiago 1:5 nos dice: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios el cual da a todos de manera abundante y sin reproche y le será dada". Deseo y espero, que a partir de hoy y de ahora en adelante, podamos aprender mas a reconocer su voz.
-¿Es coherente con la Palabra de Dios?
Esta pregunta puede parecer una obviedad, pero es un buen punto de partida a tener en cuenta. Definitivamente, si hay algo que estamos haciendo que no coincide con lo que dice Su Palabra, no podemos continuar actuando de manera errónea. Para poder reconocer su voz y descubrir cuál es Su voluntad, debemos leer su Palabra diariamente y desear mas estar en Su Presencia.
-¿Cómo afectará a otras personas?
En Santiago 3:17 encontramos lo siguiente: "Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida". Cuando Dios habla no solo tendrá en mente nuestras mayores necesidades, sino también el beneficio de todos los que estén relacionado en el asunto. Él bendice a todos con su misericordia, y al seguir Su voluntad, de ninguna manera debería perjudicar la vida de quien nos rodee.
-¿Cuáles serán las consecuencias?
Satanás quiere que vivas las cosas hoy, que te diviertas, que hagas todo hoy, pero el nunca te va a recordar que hagamos todo "porque mañana moriremos y después vendrá el juicio". Dios siempre piensa en el día a día, pero también piensa en el futuro, en lo que está por venir, y en la repercusión que eso puede generar en tu vida.
-¿Está en contra con mi naturaleza humana?
Romanos 12:2 nos dice: "Y no os conforméis a este siglo; mas transformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". ¿Qué nos quiere decir este versículo? La respuesta es muy simple: no hagamos todo lo que el mundo nos dice que está bien. Estamos viviendo en tiempos difíciles, en donde lo malo está considerado como bueno, y donde lo bueno está considerado como malo. Puede ser complicado quizás ir contra la marea del mundo, pero vamos a estar seguros en el Señor. Dios nunca va a decirnos que hagamos algo que gratifique nuestra naturaleza pecaminosa, pecadora y egoísta. Ojo! Dios no está en contra de las cosas divertidas, está a favor de ellos, siempre y cuando sea de una manera correcta, que le agrade a El, y no a la carne. Hay pequeñas preguntas que uno debería hacerse dentro de este punto importante: ¿Estoy tomando esta decisión para satisfacer mi ego? ¿Hay en esto un deseo de dominar mi vida y colocarla por encima de la atención que Dios merece? En un mundo donde todo es egoísmo, y todo está inclinado hacia el pecado, los deseos, y lo mundano, Dios nos llama a escuchar Su voz, que no solamente busca que yo esté bien, sino que también busca el beneficio de los otros.
-¿Es un desafío para nuestra fe?
Cuando Dios nos llama a hacer algo que parece estar en contra de las cosas que según el mundo son "comunes", en el fondo siempre van a requerir de un acto de plena fe de nuestra parte. Cuando Cristo estuvo en la Tierra, podría haber convencido a miles de personas para que lo sigan y reconozcan que estaban frente al Mesías, sin embargo, Jesús les hablaba por medio de parábolas para que ellos terminen de comprender los hechos mediante la fe. Por eso, hay muchas decisiones que se toman de manera fácil o no, según la fe que tengamos en Dios. Cuando cursé mi último año en la escuela secundaria, se estaban haciendo los preparativos para fin de año, ya que se acercaba el acto de graduación, y la ceremonia que incluía la entrega de diplomas era muy importante para nosotros. Cuando supe que el acto era un viernes por la noche, me acerqué a mis profesores y Jefes de Taller (cursé en un secundario industrial) para decirles que no iba a poder ir por razones religiosas. Trataron de convencerme diciéndome que había estado seis años en esa escuela, que en ese lapso de tiempo estuve mas en el establecimiento que en mi propia casa, y que prácticamente se había formado "una familia" dentro del entorno, y que a ellos les parecía muy importante que yo esté presente en ese día. Cuando terminó de hablarme, le expliqué que era cierto que hace seis años había conocido un gran grupo de personas que me ayudaron a crecer muchísimo, pero que a Dios lo conozco desde que nací. Le hice entender de alguna manera que una cosa no se iba a poder comparar nunca con la otra, y que no iba a cambiar mi fe y mis principios por una noche de fiesta y entretenimiento con mis compañeros de curso. Yo se que el Señor tiene en cuenta cada cosa que nosotros hacemos para agradarle y que, al desafiar nuestra fe, Dios edifica nuestra relación con el y nos ayuda a crecer en nuestra intimidad y dependencia de el.
-¿Le he dedicado el tiempo suficiente?
El Salmo 27:14 es muy claro cuando nos dice: "Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor". Parece reiterativo cuando el versículo nos dice que esperemos y que aguardemos, pero el tiempo es algo muy importante en muchos aspectos, y a la hora de tomar decisiones es algo fundamental. Una de las mas grandes razones por las que tomamos decisiones malas, es simplemente porque la mayoría de ellas fueron tomadas de manera rápida. Nos despertamos después de dormir, oramos a las apuradas, pidiendo por el día y pidiendo por nuestra salud, etc., nos levantamos de nuestra cama y nos vamos a realizar las actividades y rutinas que solemos hacer. Cómo puede hablarnos Dios si no nos tomamos el tiempo para escucharlo? La tranquilidad es esencial para oír. Si nos la pasamos viendo televisión toda la noche y después queremos oír a Dios, qué voy a tener cargado en mi mente? Es complicado escuchar a Dios en medio del tránsito o en medio del murmullo. Por eso, para ser sensibles a la voz de Dios, necesitamos tranquilidad. Salmos 46:10 dice: "Cesad, y conoced que yo soy Dios; me ensalzaré en los gentiles, me ensalzaré en la tierra". Dios nos pide que cesemos de nuestras actividades, y nos enfoquemos en escucharlo.
-¿Ayudará a mi crecimiento espiritual?
Pensemos en una pareja de novios. Una mujer tenía un novio alcohólico y a la vez adúltero, y a pesar de todo, ella creía que Dios le decía que se tenía que casar con el. La pregunta ahora es: ¿estaba escuchando la voz de Dios? la respuesta es un simple no, porque un matrimonio de ese tipo iba a perjudicar su crecimiento espiritual. Cada vez que Dios nos habla, estimula nuestro crecimiento espiritual. El nunca va a decir algo que nos haga retroceder espiritualmente.
-¿Produce paz en mi espíritu?
Cuando Dios nos habla, nos produce calma. Filipenses 4:7 es claro en eso: "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús". Que hermoso sería que el día de mañana nosotros podamos expresar las mismas palabras que el apóstol Pablo pudo decir.
Nuestras madres nos llamaron alguna vez para avisarnos que la comida estaba lista, y nosotros sabíamos quién nos estaba llamando porque supimos reconocer su voz. El Señor nos dio el regalo de la Salvación, somos salvos desde que el murió por nosotros, y es normal que sepamos cuando El nos llama por nuestro nombre. Necesitamos escucharlo más para aprender cómo conocer Su voluntad? Elena G. de White en la página 43 del Camino a Cristo escribió: "La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido. El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; mas para que el alma sea renovada en santidad, debe someterse antes a Dios". Además, en la Palabra de Dios encontramos que Santiago 1:5 nos dice: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios el cual da a todos de manera abundante y sin reproche y le será dada". Deseo y espero, que a partir de hoy y de ahora en adelante, podamos aprender mas a reconocer su voz.
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